Todo tiene que ver con eso.
He vivido la vida de otros.
Nunca he estado conforme con la mía.
Desde que tengo uso de razón
he forjado esquemas ideales que siempre han abortado.
Al principio era muy fácil soñar, ver el futuro lejano, y esperar.
Ahora, después de tantos años de estudio, trabajo y recreación,
aquel futuro se desvanece y sólo queda mi presente,
fraguado en el miedo a vivir contracorriente
una vida sin orgullo
que avergüenza
que no acomoda
y que se me niega a salir de ella.
Lo único que queda
después de tanto tiempo de haber nacido,
después de menos tiempo de entrar al laberinto,
es escribir lo que he vivido y vivo,
con sentido o no, pero sin solapa.